Ordesa en Otoño (y IV): Retorno desde Goriz
Los músculos estaban anquilosados y rechinaban los huesos cuando empecé a descender del Refugio de Goriz. La subida a Monte Perdido se había cobrado su recompensa en forma de agujetas y dolores musculares generalizados. No me parecía un precio demasiado caro por haber sido capaz de tocar la cima de Ordesa, pero ahora con los [...]